La Imposibilidad de la Gratuidad Bajo la Misma Lógica de que Todo Esto es Ideológico

14 Aug

by Juan Pablo Vasquez

Para hacer estas líneas más entendibles, voy a ordenar mis ideas en tres preguntas iniciales, y en algún momento, me voy a salir de ellas para entrar  a la propuesta central que ando buscando. Varias de las cosas que voy a plantear rondan lo obvio, y, más todavía, son frecuentemente afirmadas por muchos de quienes simpatizan o son parte del proceso de movilizaciones que se desató este año en Chile, sin embargo, la mayoría de las veces son presentadas al debate público como problemas y elementos tensionantes aún.

El título de este texto es afirmativo de dos supuestos iniciales. Que la gratuidad de la educación no es posible y que todo este debate nacional es ideológico. Las tres preguntas, entonces, están en torno a aquello, primero ¿Por qué es imposible la gratuidad de la educación? Segundo, si todo esto efectivamente viene desde el campo de lo ideológico y por qué. Y tercero ¿Qué se hace entonces con la educación? ¿Cómo hacer para destrabar el nudo éste que se viene acusando desde hace varios años atrás y que ahora al parecer llegó a un punto critico?

La gratuidad de la educación es imposible básica y sencillamente porque alguien tiene que pagar el sueldo de los profesores,  también el agua del edificio, y claro,  las hojas de carta que se ocupan, las fotocopias, los lápices, el sueldo de quienes mantienen limpio el lugar.

Alguien debe hacerse cargo del costo económico de la innovación y de la investigación, de los programas de pregrado y posgrado. Entre las tantas cosas que cuestan tiempo y recursos, están el pensamiento, el conocimiento, el mejoramiento de las capacidades de quienes trabajan, el incremento progresivo de la productividad. Hay que pagar por quienes estudian en el extranjero y por quienes vienen desde otros países a aprender o a enseñar.  Es sabido, y de hecho no tiene mucha utilidad argumentar en torno a aquello,   que todos los procesos de construcción de conocimiento demandan un gasto. Las ideas no vienen solas o por iluminación, se requiere de un largo, complejo y trabajoso camino que cuesta dinero.

Aceptando la lógica anterior – bastante obvia por lo demás,  la pregunta  ronda en torno a  ¿quién debe pagar por aquello? ¿Quién es ese alguien que costea todo este proceso?

Ya se decía acá, defender la gratuidad de la educación así a secas, es una falacia o un error semántico – conceptual. Ante la realidad de que alguien debe pagar por ella, las palabras del presidente o del ex ministro de educación de que las movilizaciones se salieron de límite o no caben a lugar porque se politizaron y sus líderes están “ideologizados” o “sobreideologizados”, son una verdad tan obvia que plantearlo como critica ronda desde lo absurdo hasta la falacia  mal intencionada.

Y en ese sentido, ni Lavin ni Piñera  pueden tirar la primera piedra.  Toda la discusión en torno al lucro, al financiamiento y al tipo de educación, es básica y necesariamente una discusión ideológica.  No técnica, no neutra, no imparcial ni asexuada como pretenden convencernos quienes nos gobiernan. Que el Banco Central baje medio punto a las tasas de interés, que se deprecie un poco la moneda local para incentivar las exportaciones, eso tal vez podría ser técnico, pero un debate en torno a la educación y la naturaleza de la misma es otra cosa.

Si el verdadero problema a resolver  es quién paga por la educación de un país, la respuesta para resolverlo necesariamente viene de un razonamiento con matriz ideológica. Se trata del tipo de sociedad que cada uno se imagina, se trata del cuerpo de ideas que sirven de sustento para proyectar en el papel o las acciones el tipo de país en el que uno quiere vivir. Eso no es un debate de estadísticas, ni de economistas hábiles, eso es un debate de una sociedad que se está construyendo a sí misma.

Cuando en Estados Unidos, que es un país bastante más proteccionista de lo que algunos creen, de hecho bastante más que Chile, la oposición rechaza sistemáticamente el proyecto de programa de salud de Obama, es un debate ideológico. Cuando en el mismo país, se genera una larga pugna por la forma de generar más recursos para intentar contener los efectos reales de la crisis económica, o servir la deuda, y finalmente lo que se consensúa es reducir el gasto fiscal en detrimento a un aumento de la carga impositiva, también, eso es un debate ideológico.

Son sectores políticos con una matriz ideológica debatiendo en torno al tipo de sociedad que quieren. Cuando el Partido Republicano apunta con el dedo a sus oponentes y dice: “los burócratas de Washigton no quieren que la clase media viva tranquila y progrese”, es un razonamiento ideológico  para argumentar su rechazo al alza de impuestos, a programas de salud o de educación  financiados desde el aparato estatal. No se quiere acá ejemplificar a Obama como un símbolo de la recuperación del Estado, él está bastante lejos de serlo, a lo que me refiero es que cuando aparece en un país como Estado Unidos un presidente con mínimos rasgos o características  “Neokeynesianas” o “socialdemócratas”,  con medidas que no van a modificar sustancialmente el sistema,  pero que utilicen como herramientas el alza de impuestos, se desata un debate de esa naturaleza. Son dos sectores opuestos discutiendo en torno a un tema de funcionamiento de la sociedad.

Algo bastante similar está haciendo Lavin cuando defiende el lucro en la educación, o cuando dice que la sociedad no puede retroceder lo que ha avanzado, o cuando el mismo Piñera escribía su tesis doctoral con un marco teórico proveniente del paradigma que en esos momentos estaba empezando a aplicarse en Chile. Es decir, Piñera construía en el papel una propuesta de sistema educativo que aun no tenía ejemplos empíricos reales de éxitos o fracasos. Lo que quiero decir, es que cuando discutimos sobre quién debe pagar por el sistema educativo en Chile y para qué queremos un sistema educativo en el país, eso es una discusión ideológica se quiera o no.

La verdadera pegunta ante todo esto, es quién paga por todo el sistema educativo. La respuesta inicial obvia es que la educación en Chile deben pagarla los chilenos. El problema es cómo ¿A través de impuestos? ¿A fin de mes con un cheque y/o efectivo, o con una transferencia electrónica, como pagando el gimnasio o el TV Cable, porque efectivamente un porcentaje de chilenos puede? ¿Con un impuesto especial a nuestros grandes recursos naturales   controlados por privados, y que financie todo el sistema educativo? ¿Con la  definitiva nacionalización de los recursos naturales y que con sus utilidades se pague por todo el aparato educativo nacional?

El nudo de todo aquello radica en responder estas preguntas, y entrar, se quiera o no, en una discusión en torno al tipo de sociedad que cada uno quiere y al lugar que ocupa la educación en aquella sociedad. Negarlo, es básicamente entrar en un juego peligroso típico de gobiernos poco democráticos – o nada democráticos – donde se demoniza y caricaturiza la política, las ideologías, las organizaciones políticas, las ideas, y hasta el pensamiento. Dónde se aparenta tecnificarlo todo y  construir la imagen de que aquello es positivo y que está  íntimamente emparentado a la eficiencia y de paso a la cientificidad.

Hay allí una doble falacia, porque, por un lado, se plantea la “ideologización”  como negativa, instalando de paso la idea de que el accionar del gobierno y sus propuestas no tienen nada que ver con ideologías, pero, por otro lado, gran parte de aquellas propuestas que se plantean técnicas y empíricas, son ideología disfrazada de ciencia. ¿Dónde están los estudios profundos basados en evidencia empírica sólida que indican que la mejor opción es insertar el sistema educativo a la lógica del mercado no regulado? ¿Dónde están esos estudios con evidencia empírica que indican que el lucro es un factor que garantiza buenos resultados en el sistema educativo?

De hecho, a mí, una cosa que me interesa de sobremanera es saber cuáles son los referentes en los cuales se fijan y han fijado quienes han pensado y tomados las decisiones en torno a la educación en los últimos 30 años. Cuál es la lógica detrás de eso, porque, argumentar que universidades de mucho prestigio son privadas, y que varios sistemas educativos exitosos en el mundo permiten el lucro, no me parece suficiente ni de lejos.

Harvard es una universidad privada, tal vez la mejor del mundo, y que se sostiene a través de la suma de los  pagos que hace cada uno de sus estudiantes. Sin embargo, en primer lugar,  el objetivo de Harvard no es el lucro,  tiene más que ver con sostener el prestigio, por algo es selectivo, no es el equivalente a una universidad privada chilena donde entran todos porque pagan la matricula. Es diametralmente opuesto, porque mientras uno permite el pago de matriculas y mensualidad en función de mantener a los mejores profesores del planeta, al mejor sistema del planeta, a los mejores investigadores del planeta, en función de utilidades “académicas”, los otros incentivan la matricula en función de generar utilidades financieras. ¿O alguien se imagina a  Harvard quitándoles titularidad a sus investigadores y pasándolos a “contrata” para reducir costos?   Lo que quiero decir, es que si bien  Harvard es privada, no tiene objetivos de justicia social ni de inclusión, no es el lucro el fondo del asunto, no está dentro de la lógica del mercado. En segundo lugar, para que esos estudiantes puedan llegar a Harvard, en el caso de la mayoría norteamericana, mucho pasaron por un sistema donde los gobiernos estatales  se hacen cargo hasta del transporte escolar (esos buses amartillos no son un invento de las películas de “cine en su Casa”)

Un clásico ejemplo de referencias para quienes nos gobiernan hoy y para quienes nos gobernaron antes por veinte años, es España. A pesar de lo caro que ha costado,  da la impresión de que no importara, pues la fijación de los líderes políticos nacionales con aquel país es aparentemente inquebrantable.

España es un país desarrollado. Probablemente juega en la primera división de  las economías del mundo, pero todos los años está en la liguilla de promoción. Es algo así como el más subdesarrollado de los desarrollados, y con una actual y compleja crisis financiera. Yo no comprendo la aplicación en los noventa de una reforma educacional que cuando se empieza a aplicar en Chile – posterior copy and paste-  en su versión original – by España- ya empezaba a desmontarse tras su fracaso.

A lo que apunto, es que además de responder a la pregunta de quién paga por la educación, hay que darle respuesta a ¿para qué? ¿Qué lugar queremos que ocupe la educación en el país? ¿Qué tipo de educación queremos?

Quienes estén francamente conforme con el tipo de sociedad que hay en Chile, lógicamente querrán una educación que reproduzca lo que ven como un éxito, y que solo introduzca leves modificaciones en la misma dirección central para corregir lo que ven como problemas.

Al contrario, los otros querrán una educación transformadora  que sea la base de una nueva sociedad. Insisto, esto es ideológico. Cuando los europeos decidieron, luego de ambas guerras mundiales, y con algunas economías y países en pedazos, que la construcción de una estado amplio de bienestar con dos o tres claves superiores a cualquier particularidad, era el camino y la posterior base para su desarrollo, estaban en medio de un pacto que tenía que ver con una discusión como la que aquí se plantea.  Cómo queremos nuestra sociedad y cómo financiamos esa sociedad que queremos.

Países de Asía del Este que en la década de los cincuenta o sesenta miraban con cierta admiración a América Latina, por ser un continente más próximo al desarrollo y con mayor sintonía y cercanía geográfica y cultural a los Estado Unidos, hoy son economías desarrolladas muy por encima de nuestro continente.

Parte de las claves de ese desarrollo fue el acento que pusieron en sus sistemas educativos. Pero no de cualquier forma, porque, y ojala los gobiernos chilenos  les pusieran atención,   no se trata de meterle más y más plata a los sistemas universitarios, ni de dar más y más becas de almuerzo en universidad de baja calidad. No se trata de ceder en época de movilizaciones y anunciar aportes “millonarios” en conferencias de prensa. Se trata de efectivamente sentar a la sociedad a discutir el tipo de educación que queremos, para qué la queremos y quién paga por ella. Y eso es básicamente discutir la clase de sociedad que queremos ser, eso es un debate profundo que las sociedades que han alcanzado el desarrollo no han tenido miedo de dar.

Las sociedades asiáticas a las que me refería, países como Taiwán, Singapur, Corea del Sur, cuando reformaron sus sistemas educativos,  lo hicieron desde el preescolar. Es decir, construyeron una poderosa base desde la que afirmar toda la estructura posterior.   Un sistema preescolar y básico de calidad para toda la población, por el cual las personas no deben pagar a fin de mes como se paga el gimnasio o el tv cable, si no que se financia desde el Estado. Toda la población tiene el derecho a la misma calidad de la educación preescolar y básica, luego todos los jóvenes, tras pasar por esa base sólida, están en igualdad de condiciones para enfrentarse al sistema de educación superior.

Meterle plata, como se ha hecho majaderamente en Chile, al sistema universitario, es potenciar un mecanismo profundamente segregador y clasista, y dificultar intencionalmente el camino al desarrollo del país. Cuando Piñera planteaba su idea de un Liceo de excelencia por región, al nivel del Instituto Nacional, no hacía más que trasladar la segregación y el clasismo a los meses finales de octavo año de cada niño.  Esa idea  no soluciona  los problemas, si no que, para algunos casos puntuales, los saca de un lugar y los pone en otro.

Insisto en los casos de algunos países asiáticos,  pues, el proyecto de país está totalmente conectado con las características del mismo y con el sistema educativo, de lo contrario este ultimo pasa a ser un mundo aparte.

Todo aquello costó dinero, que los niños noruegos sean veinte por sala,  que los niños  Coreanos o Taiwaneses estén en un proyecto educativo de una calidad y una inclusión social altísima, que todos ellos sean parte de un sistema universitario conectado con la realidad laboral del país, donde tu carrera ocupa un lugar en la sociedad, y la misma te necesita como profesional y tiene un trabajo para ti, y no por afanes de lucro del empresario de turno que abrió una universidad con carreras de fantasía e inutiles y de un Estado que se hace el ciego ante ello. Todo aquello, respondió a un debate profundo, a un cambio cultural y a una alta inversión  desde el Estado.

Sacar adelante una reforma, una transformación tal, de la envergadura de lo que hicieron aquellos países asiáticos, o los noruegos, o los finlandeses, requiere de varias cosas. Entre ellas,  asumir que todo esto viene de un fondo ideológico, dejar de demonizar la política y por lo tanto dejar de hacer chantajes y jugar sucio con “la política de la no política”. Modificar radicalmente el mecanismo de financiamiento  de la educación en Chile, es decir, la educación no puede ser gratuita, deben pagarla los chilenos, pero para que una transformación basada en la inclusión, la justicia y el camino al desarrollo sea efectivamente llevada a cabo, los chilenos deben pagarla a través del Estado,   tras una reforma tributario seria y una modificación en el control de nuestros recursos.

Se requiere de un replanteamiento profundo de nuestras prioridades y metas como país. ¿Qué nos importa más? el riesgo de que los inversionistas extranjeros ya no confíen tanto en el país, o el riesgo de un sistema educativo clasista y segregado que a la larga genera conflictos, odiosidades y reproducción de la pobreza.

Para todo aquello se requiere voluntad, y claramente los gobiernos de Chile no la han tenido. Una reforma profunda requiere una inversión grande y varios años para ver los resultados,  aquello es muy riesgoso para una clase política mezquina, que mira solo su gobierno inmediato y que hace política negando la política.

Todo esto es ideológico y político, responde a paradigmas, meta relatos y a disputas de poder que tienen que ver con el tipo de sociedad que cada uno de nosotros quiera y el lugar que se quiera ocupar en ella.

Para dejarse de errores semántico – conceptuales, la educación no puede ser gratuita, construir un sistema de calidad cuesta trabajo y dinero. Lo complicado es quién la va a pagar. Para construir una sociedad y una economía equilibrada en cuyo centro estén las necesidades del Ser Humano y su bienestar,  entonces el proyecto educativo deben pagarlo todos los chilenos través de sus impuestos proporcionales y sus recursos naturales, no como un favor ni algo nostálgico que pareciera sacado de otras épocas, si no que haciendo un uso pragmático de los derechos soberanos sobre recursos que están en nuestros territorios y que permitirán financiar reformas estructurales sobre sectores estratégicos para el desarrollo del país.

Lo que hacen los estudiantes hoy en Chile, no es simplemente protestar ni movilizarse en las calles, es básicamente impulsar un debate que está  atrasado por décadas, que la clase política chilena no ha querido generar, y que apunta a la construcción de una mejor sociedad, de un país más justo y equilibrado, con mejores condiciones de vida  y de un proyecto educativo que efectivamente permita saltar al desarrollo.

Lo que hacen los estudiantes hoy es que lo que hicieron hace décadas otras sociedades: sentarse a discutir sin complejos cómo construir un mejor país – para el caso de Chile, muy a pesar de nuestra clase política.

Este país no es el mismo de hace diez años atrás y esta no es una revuelta de gente joven, este  es un momento critico,  de cambios, de proyecciones, se trata de una sociedad civil que  avanza empujando la historia. Que busca avanzar para modificar sustancialmente nuestra realidad, asumiendo la responsabilidad histórica ante el país, y si abajo del vagón deben quedarse quienes gobiernan, no sería ni la primera vez que aquello ocurra, ni la culpa estaría fuera del perímetro de su propia mezquina responsabilidad, afán de lucro y convicciones ideológicas.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: